Y al principio sólo unos pocos viajaban, viajaban modelando nuestra forma de ver el mundo con los relatos de sus viajes. Describían el planeta en sus propios colores, con los aromas de sus precisas palabras y los sonidos que ellos escuchaban, aquellos que les gustaban, aquellos que entendían . Y a los viajeros les llamaron exploradores y la humanidad exploró, exploró dentro y fuera de sus costumbres
Y luego vinieron los grandes y muchos viajeros, la época en que la gente vivía de trabajar para aquellos que viajaban y aquellos que viajaban para huir y escapar de aquel trabajo que era servir a los viajeros; la tecnología daba paso a la igualdad y todos los humanos nos hicimos iguales, trabajábamos para viajar y al viajar dábamos trabajo a quienes después que nosotros viajarían y todos éramos iguales todos relatábamos de forma compartida nuestros relatos, todos sabíamos cómo sonaban, olían y parecían las ciudades, las montañas, los infinitos paisajes. Y los viajeros se llamaron clientes, poseedores del mayor de todos los derechos; el derecho a tener razón; poseedores de la verdad, capaces de cambiar el curso del propio planeta y la propia historia
Y el planeta se hizo imposible, irrespirable, igual, homogéneo y aburrido. El sabor y el olor se unificaron según el gusto de la mayoría, nadie quedó al margen y la igualdad degeneró en la anarquía de lo correcto y lo correcto arrastró a la humanidad a la era de la tecnología de las personas y las personas degeneraron en datos y los datos consumieron la humanidad; primero fue la música, después los olores y sabores y al final el propio nacimiento se convirtió en una suerte de combinación de datos. Y los viajeros quisieron solo viajar y nunca más trabajar y el planeta colapsó y vinieron las grandes guerras, las grandes epidemias y las grandes dictaduras.
Y así hasta seis eras transcurrieron y comenzó la séptima, la nuestra; la prohibición de viajar y la mayor de las condenas a quienes quieran hacerlo. La infinita paz pues hemos erradicado toda sombra de violencia de nuestra humanidad, hemos recuperado y preservado el planeta dejando que solo la naturaleza dicte las reglas por las que se rige el mundo. Y todo aquel que piense en viajar es proscrito y sentenciado a vivir fuera de nuestra época, a morir en cualquiera de las seis eras anteriores.
Soy Jack Sneiper, un bootleger, un proscrito de la séptima era y esta es una de mis posibles historias.
